CUENTO: El Orfebre, escrito por mi querido alumno Nelson Ramos Carmona (2016).

“Era un artesano distinto a los demás. Desde los 7 años recogía pequeñas piedras cuando iba de paseo con sus padres por la cuenca del Orio, por senderos entre los montes y montañas de Euskadi, porque escuchaba en su corazón que le pedían las cogiese. -¡Las piedras me hablan!-, les decía; pero ellos sólo reían y asentían pensando era su imaginación. Cuando inició sus estudios de orfebrería después de bachiller, había recolectado 1.986 entre ágatas, amatistas, jades, malaquitas y tantas otras sin mencionar los más variados cristales y cuarzos.
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El pueblo en que vivía estaba en crisis, reinaba la desesperanza, falta de trabajo, el desamor. Aunque él era feliz, sentía que el ser orfebre tenía un sentido mayor. Un día, buscando respuestas comenzó a recorrer los caminos por donde… “las piedras le hablaban”, llegando hasta el Monte Anboto. (lugar en donde habita Mari, la bruja de Anboto, según la mitología Vasca).
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La noche le cobijó en lo alto. Un cielo estrellado y una hermosa luna lo iluminaban todo. Estaba en plena paz y armonía con la naturaleza. No sabe si fue sueño o realidad, pero antes del amanecer, entre una espesa niebla ve la figura de una hermosa mujer de larga cabellera, le habló que obedecía un llamado divino, que escucharía a las piedras nuevamente, que él era vínculo entre las energías cósmicas y su pueblo. Luego, cayó en profundo sueño y al despertar, las piedras le hablaron.
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Al poco tiempo, sus clientes comenzaron a cumplir sus sueños cuando portando esas gemas, cuarzos o cristales en las joyas que él creaba, invocaban con fe en su corazón superar la carencia que tenían. Por efecto multiplicador, el pueblo volvió a sonreír por su bienestar y progreso. Cada cierto tiempo, el orfebre desaparecía y nadie sabía qué hacía, ni a donde iba”.

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